Nicolás llegó un 20 de diciembre a mi vida, después de haber perdido a mi perrita Camelia por ELA, y fue le mejor regalo de navidad que la vida me ha dado. Nunca pensé que el se convertiría en el compañero perfecto para empezar de nuevo juntos en otro país a mis 50 años. Al principio yo no concebía tener otro perro después de la muerte de mi pequeña, pero en cuestión de poco tiempo esta pequeña bola blanca, me enseño que aún con el corazón roto se puede volver amar al mismo tiempo de vivir un duelo.
Nico como cariñosamente le digo, empezó a entrenarse como perro de servicio ya que las capacidades de él para ayudar y dar apoyo a las personas son increíbles, el entrenamiento nos tomó casi dos años pero lo conseguimos, y así pudo volar con mi entonces esposo y conmigo hacia nuestro nuevo hogar en España. Ya en Barcelona me conectó con gente muy amorosa que se convirtieron en nuestras amigas, mismas amigas que me ayudaron a divorciarme luego de él.
Y así volvimos a comenzar, él y yo juntos en una nueva ciudad: Madrid, llegamos sin conocer a nadie, pero como siempre él me empezó a conectar con gente amorosa, a la que el día de hoy llamo familia, no ha sido fácil, pero juntos ahora llamamos a esta ciudad hogar.
Cada perrito tiene una misión y este ángel llegó a mi vida a recordarme quien soy yo y de lo que soy capaz.
